sábado, 20 de marzo de 2021

EL PERROFLAUTISTA DE MADRILIN

 Autor: Eduardo J. Cazorla


Érase una vez un perroflautista qué, con su engañoso instrumento (su voz aflautada y desagradable por chirriante), quiso promocionarse entre sus ejércitos de ratas, ratos y rates para un cargo que le venía grande, como grande le había venido todo en su miserable vida. Para postularse en ese empleo dejó el oficio de segundón o bueno para nada que había ejercido con el máximo empeño, rigor y dedicación en el país de los borregos. 

El perroflautista soñaba con ser gobernador de Madrilin, una región prospera y bien administrada por borregos con cierto sentido común y mejor práctica. 

El perroflaustista de Madrilin soñaba con piojos y garrapatas para todos, quería que sus ratas, ratos y rates camparan a sus anchas sometiendo por la fuerza a cualquiera que estuviera en desacuerdo con sus ideas de hambre, corrupción y pobreza.

En sus doctrinas, el perroflaustista, prometía la ocupación de la propiedad privada, la confrontación entre las especies y los géneros, la caída de la borregocracia y mochilas de telas estampadas para todos aquellos que lo siguieran en su loca huida hacia delante. También aseguraba la desaparición del jabón o de cualquier tipo de utensilio para el aseo y la limpieza. Soñaba con instaurar su ideología represora, una sociedad donde el librepensamiento estuviera castigado con la pena de llevar coleta, botas pisamierdas, pelos en los sobacos y unas buenas dosis de parásitos repartidos por el cuerpo. 

En fin, el perroflautista y su cofradía (una caterva de anormales) de ratas, ratos y rates se fueron con su música (la internacional) a otra parte, a un país llamado Venereazuela, un lugar donde las ETS eran bien vistas y las diarreas mentales un signo de prosperidad.





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